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Si en tiempos pasados una competencia que permitiese
tener acceso a la literatura en su forma escrita podía
considerarse sinónimo de dominio de una lengua,
casi nadie hoy en día se atrevería a afirmar
que conoce una lengua si no es capaz de hablarla. Por
otra parte, es importante tener en cuenta que la expresión
oral lleva implícita otra destreza, la auditiva,
que, en el orden natural de adquisición de una
lengua, es previa a todas las otras y las determina
en gran medida.
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