El abrazo milonguero

Dos alemanes se animan con dos mujeres argentinas recién salidas de su jornada laboral.

Un japonés mira tímidamente de qué se trata esta reunión de la que se ha enterado por su Guía del viajero. Luego de improvisar un ensayo, la orquesta típica abre la sesión con un tango para que los atrevidos acepten el desafío. Después de algunas vacilaciones, todos se largan a la pista de un típico salón de baile en una ciudad muy al sur de América que se llama Buenos Aires. Se armó la milonga dice un señor de unos 50 años con una copa de vino entre las manos que liquida con prisa para no perder a aquella mujer de unos 30 años que ha visto enfrente de su mesa y que parece una diestra bailarina.

¿De qué se trata esta reunión que alberga culturas,
edades, gestos y lenguas diferentes?

En la puerta del salón dice que es una milonga pero si busco esa palabra en el diccionario no coincide con lo que estoy viendo. Dice que es una composición musical argentina de ritmo vivo y marcado en compás de dos por cuatro muy emparentada con el tango. Aparentemente esta palabra que circula por las calles de Buenos Aires admite otra referencia que no coincide con la que me devuelve el diccionario. Sigo averiguando y me dicen que una milonga es un espacio para ir a bailar, otro me comenta que allí hay un juego de seducción y el más atrevido concluye que ese lugar tiene algo de extraordinario porque la única lengua admitida es la de los giros, cortes y quebradas. Sigo insistiendo con el diccionario y voy al Diccionario del Habla de los argentinos que aclara que la milonga es una reunión donde se baila y menciona la transformación de esta palabra en un verbo: milonguear es una forma de divertirse, salir de fiesta y ante todo bailar.

Finalmente me llega la información completa y me entero que, en la ciudad de Buenos Aires, estos lugares ya llegaron al centenar. Son salones, bares típicos o clubes de barrio que tienen como único compromiso propiciar el baile del tango. Este compromiso asumido por cada uno de los participantes no sólo es con el baile sino con el código que éste trae consigo. Se dice que hay un código milonguero con reglas estrictas. La primera, los zapatos con suela para el hombre, con taco alto para la mujer. La segunda, el modo de invitar iniciado por el gesto de uno y la aceptación de otro. La tercera, ligada a la fidelidad entre los bailarines, el abrazo no se puede romper mientras dure la pieza musical.

Desde una esquina sigo mirando lo que sucede con aquellos que se habían iniciado en la danza: alemanes, argentinos, japoneses y brasileños de todas las edades circulan por la pista ensayando cada uno de los pasos. Hay algo que los diferencia de aquellos que no estamos en ese lugar. Cada una de las parejas parece única. Cada pareja es un mundo en el que cual se ha firmado un pacto de sensualidad. Giran en contra de las agujas del reloj y esto los separa aún más de la rutina cotidiana, de sus biografías, de su propia tradición cultural. Y este sentido contrario al tiempo de la cronología describe el mundo que se abre cuando traspasamos la puerta de una milonga. Agujas del reloj que quedan suspendidas mientras una pareja se entrelaza para seguir los giros y los pasos que obliga la danza.

Ahora que conozco la definición y el sentido de la palabra que alguna vez había escuchado entiendo la fascinación que despierta en porteños y extranjeros este ritual. Quizás la fascinación se explique porque la milonga devuelve al código corporal una vitalidad que lo carga de significado.

Es el cuerpo el que habla y por eso no hay otra lengua que se necesite. En las milongas, las diferencias se evaporan y el más admirado es el que baila mejor. En el caso de los porteños, la milonga es un modo de dejar de lado la rutina laboral y suspender por un momento la dinámica de una ciudad acelerada. En el caso de los extranjeros, un modo de acceder a un código cultural ajeno pero también universal, el de la sensualidad entre dos personas en el momento que se inicia el baile.







Guadalupe Tavella
Directora Académica DWS Spanish School
Buenos Aires, Argentina

 

 

Palabras de una estudiante rusa

Soy estudiante de la Universidad Estatal Lomonósov de Moscú… Una frase tan simple pero qué efectos causa en el alma… Estoy más que orgullosa de estudiar aquí, la Universidad me provoca unos sentimientos indescriptibles, cariñosos, calurosos y afectuosos a la vez. Al llegar a mi querida Alma Mater por la mañana, tengo una vaga sensación de llegar a casa, aún más, a la Casona. Si se dice que Moscú es el corazón de Rusia, sin duda alguna nuestra Uni es el corazón de Moscú.

Creo que es el centro de todo el sistema de enseñanza ruso, en primer lugar porque es el centro docente superior más antiguo de nuestro país (fue fundado en 1755 y el año pasado celebró su 250 aniversario). Además, según las clasificaciones mundiales de los centros docentes superiores, nuestra Uni está entre las 10 mejores del mundo por la calidad de educación que se da aquí. Y, sobre todo, porque la Universidad siempre ha sido la fuente y la sede de las ideas más progresistas y vanguardistas. Y lo más importante es que la mayoría de los hombres ilustrados, eminentes hombres del Estado y de los famosos letrados rusos han graduado de La Universidad Estatal de Moscú.

En lo que se refiere a mi facultad, la Facultad de Idiomas Extranjeros y Estudios Regionales, no tiene larga historia ya que es relativamente moderna. Fue fundada en 1988 por iniciativa propia de nuestra decana Svetlana Grigorievna Ter-Minásova, una mujer prodigiosa. Me jacto de conocerla, de haber sido su estudiante porque es muy amable y bondadosa, de ninguna forma formalista; a veces parece que es una abuela cariñosa y todos los estudiantes son sus nietos.

Nuestra facultad tiene cuatro líneas principales del desarrollo del proceso de los estudios y por eso tenemos cuatro especializaciones que son "Enseñanza", "Traducción", "Comunicación intercultural" y "Estudios regionales". Por un lado, son muy diferentes y tienen programas de estudios distintos pero, por otro lado, hay una cosa que los une. Es la idea principal que se explica en nuestra facultad. No se puede estudiar el idioma extranjero separado de la cultura del país donde se habla. Por eso estudiamos historia, literatura, tradiciones, costumbres, fiestas nacionales de España, Inglaterra, Francia, Italia, Alemania o los países de idiomas eslavos conforme con la elección del estudiante.

Sólo me resta decir unas palabras finales sobre la vida estudiantil en nuestra facultad y Universidad. Es muy interesante y divertida y los estudiantes compartimos maravillosos momentos aquí. Se nos ofrecen amplias posibilidades de trabajo y descanso: trabajamos de intérpretes en varias exposiciones, damos clases particulares de lenguas extranjeras a los niños y a los adultos; mientras tanto celebramos el Día de la Facultad, los aniversarios de las cátedras y diferentes veladas musicales. En la facultad trabajan unos hablantes nativos que dan clases a los estudiantes; además, tenemos varios programas conjuntos con las Universidades europeas y los profesores de allí vienen a nuestra facultad para dar clases también. Y en la pausa entre las clases se puede hablar con ellos y perfeccionar su idioma.

Para concluir todo lo dicho, quiero agradecer a todos los profesores que comparten conmigo su experiencia, no sólo como profesionistas, sino también como seres humanos, quienes tratan de dar lo mejor de sí mismos y que, en lo personal, trato con respeto y admiración en cada una de las clases impartidas. Realmente, tengo la suerte de estar vinculada a ellos y a mi Universidad. Es un verdadero placer.

Y además, creo, que cuando estás en la universidad, la vida es especial, diferente. Ya no eres adolescente, ya tienes ciertas responsabilidades, pero no las de la vida de un adulto (casado y con hijos). La verdad no la sé, voy a hablar a título personal, pero yo creo que la época de la universidad es la mejor época de mi vida.

Anna Kovrigina
Estudiante de la Carrera de Enseñanza
Facultad de Idiomas Extranjeros y Estudios regionales,
Universidad Estatal Lomonósov de Moscú,
la cual tiene subscrito un convenio de colaboración con FIDESCU.